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martes, 11 de agosto de 2009

Castillos de Arena

Algunos viernes corre hacia la orilla del mar y contruye preciosos castillos, cuidados hasta el último detalle; con estilizadas almenas, con coloridos estandartes y bellos ropajes, con grandes vidrieras, con un enorme patio de armas y establos para 300 caballos; con su sala de baile, con su asamblea para el consejo, con amplias estancias, con una alcoba real ("para tí, para mi"-dice). Con un enorme portalón y un puente levadizo; como de ensueño y tan real que no parece de arena... Pero el domingo por la noche, cuando el sol desaparece, la marea sube; y el lunes, de todo aquello que fue, sólo quedan las ruinas y el barro humedecido con los restos de lo que el deseo formó.

Con los pantalones remangados por encima de la rodilla, la piel recubierta de sal y los pies descalzos, la princesa abandona su palacio para volver a vender pescado, y sus manos huelen a sardina y a atún... bonito, el sueño.

De tanto en tanto se pasa la lengua por el brazo y se relame, entrecerrando los ojos, para no olvidar el sabor que el mar le ha dejado en su cuerpo.

sábado, 20 de junio de 2009

37º (Treintaisiete grados de separación)

Te desnudaría mi alma... si no la huebiese vendido ya.