
Levantar un vaso con agua y desplazarlo dos palmos hacia un lado puede parecer una tarea sencilla para cualquiera, pero para aquel qué está sediento, ejecutar este ligero gesto se convierte en una indescriptible tortura.
El movimiento, lejos de convertirse en el centro de atención se convierte en una torpe actividad, y la necesidad subyugada, en cambio, en el elemento principal de control.
Esto es sólo un ejemplo sobre el que reflexionar.
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