
Tenemos el hábito de recrear aquellas circunstacias con las que nos sentimos cómodos o familiarizados y así nos cerramos en un círculo rutinario que no deja cabida a la imaginación, a la improvisación, a la magia del cambio.
¿Siempre un paso alante, nunca un paso atrás? Qué pasaría si dejáramos las viejas costumbres de lado y en un esfuerzo por innovar cada movimiento forzáramos nuestro entorno con valentía, ¿seríamos capaces de agotar todas las posibilidades de lo no realizado, de lo imposible, de lo hasta ahora inaccesible? Y sin embargo, cuesta más permitirse que permitir; abandonarse que abandonar.
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