viernes, 18 de septiembre de 2009

Dame una palabra

Y la voz enamoró al eco que repitió su nombre... hasta morir de afonía.

2 comentarios:

òscar dijo...

cuando cupido lanza sus flechas sobre el eco, no hay nada ni nadie que lo pare.

no comments dijo...

Tan bello era su nombre, tanto, tanto, que hasta el eco no pudo resistir al hechizo de su nombre.

Qué bonito!

Un saludo indio