miércoles, 26 de agosto de 2009

Y no me canso de oirme decir...

Considero que hablo poco y todavía considero que lo hago en demasía.

El problema principal no reside en el hecho de que hablemos mucho o poco, ni de lo capaces que seamos a la hora de dosificar nuestra verborrea, o de lo eruditos y locuaces que resultemos en nuestro coloquio, sino en la generalizada costumbre de hablar por hablar sin medir las consecuencias de nuestras palabras, emitiendo juicicios sin conocimiento de causa, y precipitando protestas innecesarias, sin fijarnos ni un poco en nuestro alrededor. Nos importa un pimiento que a nuestro interlocutor le incomode o no lo que estamos diciendo; y más aún que le interese lo más mínimo, que le intrigue o le enriquezca en manera alguna; allá vamos nosotros con nuestro rollo y contra más personas podamos implicar pues mucho mejor, ¡venga carne al sador! Inventar, tergiversar, reprender, reprochar... la salsa del cotilleo está servida, ¿alguien más quiere mojar pan?. Y así poco a poco vamos agotando al comensal. Porque en lo que se refiere a mi persona, hoy, el mundo se puede quedar mudo... que no sordo (no sea que dejen de escucharme).

Y sudé cian (de tanto que me cargaron las tintas).

3 comentarios:

Anne De Lenclós dijo...

A veces se me atrofea la voz, porque duro dias sin hablar con nadie... A veces el mundo hace el que no escucha, a veces no se tiene tacto con los demas, no pudiste ser mas sensata.

At_a_glance dijo...

Muy interesante... Desde luego que muchas veces me he parado a pensar en esto... es así de real y, cuanto menos, triste, o decepcionante...
Muy interesante!
Saludos!

xan dijo...

ya lo decía el último de la fila...
'si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo vayas a decir'....